miércoles

Especie esteparia.

1. Asociación libre
Amanece soleado otra vez pero hoy la gente me rodea como si nada, o como si todo. 
Amanece soleado y percibo en mi día, 
una sutil pero tensa normalidad. Peligrosa cadencia esteparia, 
como la de Hesse. 
Abajo desayuna el viejo lobo imaginario,
en sus últimas páginas. 

2. Análisis.
La «normalidad tensa» es el mandato social que exige funcionar. La «cadencia esteparia» es la repetición traumática (Freud): un tiempo no lineal que vuelve sobre lo mismo. El «lobo» es una figura de lo siniestro que aloja el dolor no dicho. Su acción de «desayunar páginas» muestra el trabajo del duelo: la lenta inscripción de lo perdido en el lenguaje, para hacerlo habitable. 

3. Microcuento. 
El Lobo que solo comía miel de abeja. 
Hubo una vez, un lobo moreno que sólo comía miel de abeja con limón, vivía triste porque guardaba sus aullidos dentro, no sabía cómo hablar. Un día encontró un par de libros que hablaban de algo llamado cantar. Empezó a leer y cantar de otras mieles y otras abejas lo que lo hizo aullar de felicidad, por primera vez, en voz alta.

domingo

Bruja principiante.

1. Asociación libre. 
No todos los devotos de la doble moral (de los que besan crucifijos con manos racistas y ensangrentadas) saben las consecuencias de sus prejuicios. La ignorancia, después de todo, es solo otro nombre para la cobardía. 
Me mataron. Fue rápido, un certificado de defunción firmado con tinta religiosa.
Por bruja, fue el veredicto, pero a los tres días, resucité convertida en ética: con una cadencia que resiste cantando "ni un paso atrás" y "yo sí te creo" mientras acaricia las mejillas de quienes aún no saben que pronto despertarán con mis muertos en sus pesadillas.
Llegará pronto el juicio final y se les preguntará: ¿A cuántos enterraron vivos? ¿Cuántas noches se creyeron justos? Yo, mientras tanto, seguiré al viento que escribe epitafios con las manos rotas.
Seré la justicia que limpia las losas donde yacen Páramo y la esteparia, mis fantasmas familiares, mientras ustedes aprenden a digerir su vergüenza. 
La ética me obligo a arrastrarme del odio al perdón pero la justicia me enseñó silbidos cínicos, ternuras afiladas, y a no olvidar que el daño está hecho. Y aquí seguimos todos, entre odios y virtudes, yo barriendo escombros perversos y mojigatos de quienes ya tiene rato, que murieron en vida, por lo que ya mis muertos, descansan en paz. 

2. Análisis.
El relato traza una transformación: de la muerte social por estigma (“bruja”) a la resurrección como ética militante. El mecanismo es una identificación invertida con la acusación, que convierte el estigma en identidad política. La ética resultante canaliza el odio en un cuidado activo, simbolizado por el “viento” como significante que escribe la memoria de lo silenciado.

3. Microcuento 
La brujita que aprendió a querer.
Hubo una vez una brujita morena, a la que le gustaba jugar en el camposanto por las tardes. No sabía querer, solo sabía llorar. Con sus lágrimas, limpiaba el polvo de las piedras viejas y encontraba nombres olvidados. Por cada nombre que limpiaba, crecía una mariposa blanca. La brujita no podía hablar de lo que sentía, pero todos escuchaban su voz cantando entre las flores: ritmos dulces que contaban secretos verdaderos. Un día se acabaron sus lágrimas y descubrió emocionada por primera vez, la alegría en su corazón. 

sábado

Rueda de la fortuna.

1. Asociación libre. 
Al parecer tengo prisa por llegar a mi muerte, who doesn´t? 
No dudo que morir sea un destino pero eso lo decide la buena fortuna. 
Habrá tal vez quien sea eterno. Conozco algunos. 
Esta rueda de la fortuna arrebatada, grosera e impredecible que me supera. Le llamaré Juana Inés.

2. Análisis.
El texto despliega un diálogo defensivo con la finitud. La "prisa por llegar a mi muerte" puede leerse no como deseo suicida, sino como la ansiedad ante lo impredecible (la "fortuna arrebatada"). Nombrala "Juana Inés" es un acto de identificación proyectiva (Anna Freud): se le otorga al azar un nombre propio, intentando dominar simbólicamente lo incontrolable. Esto refleja la pulsión de transformación (Spielrein): lo que se vive como destino destructivo (la muerte) se reclama como identidad narrativa, buscando un sentido activo en lo dado. La figura tutelar de Bertha Pappenheim (Anna O.) resuena aquí: es la cura por la palabra que nace de nombrar lo innombrable, de hacer de la propia historia un caso clínico-político a descifrar.

3. Microcuento. 
Hubo una vez, una niña pequeña cansada de que el Viento le arrebatara sus cosas, entonces hizo lo que nadie: le puso un nombre. Al llamarlo destino y no viento, lo arrebatado regresó en forma de creatividad.

domingo

Ironía feminista.

1. Asociación libre. 
Tengo ganas de negociar compañía sin sexo, de invertir en publicidad: invertiré 3 días de mailing y 6 días de mensajes de texto. 
No que el sexo esté descartado, más bien, habrá que demostrar, que valdrá la pena. 
El camarada interesado tendrá que ser un payaso, un wason, el bromas. 
No se aceptan psicópatas o narcicistas que manipulen o hagan luz de gas, es aburrido, siempre terminan llorando.
Ya sin ironía, seriamente deberá ser intuitivo como Sherlock Holmes, camarada como Gorki y un idiota como el de Dostoievski.

2. Análisis.
El fragmento ejemplifica una crítica práctica al capitalismo afectivo al subvertir su lógica mercantil. La enunciación calculadora («invertiré 3 días...») se ve inmediatamente negada por la demanda de cualidades ético-literarias: la intuición deductiva (Holmes), la fraternidad política (Gorki) y, de manera central, la bondad no cínica del «idiota» (Dostoievski). Esta última figura opera como significante de una ética relacional alternativa que desactiva las economías del narcisismo y la manipulación («luz de gas»). El deseo se formula así como búsqueda de un testigo, cuya mirada compasiva y ajena al cálculo valide una existencia auténtica fuera del intercambio.

3. Microcuento. 
Conocí una vez en un mercado, a un hombre que vendía humo y a una mujer invisible que vivieron felices para siempre. 

Legado materno.

1. Asociación libre. 
Mi mamá escuchó del Psicoanálisis en el Seminario de hipnosis que tuvo en la Normal de Campeche, por ahí de 1966. Encontré entre sus libros algunos que hablaban de Freud, Piaget y otros de su querido Tobías Corredera. Me quedaba horas pensando en cómo mamá hacía con letras y silencios, esperanza. 
Mamá escuchaba a los niños con tal paciencia, que reconociendo su propia voz, los niños aprendían a amar (también a hablar). 
Hoy tan a la distancia, la imagino en el salón más bonito del Paraiso, acompañando con ética y amor a los ángelitos con problemas de conducta, lenguaje y aprendizaje; sé bien que me espera, no tan pronto, pero me espera para que siga su legado, que ya tiene rato habitando en mi sangre, que no corresponde a casas o cosas, más bien me llama a escuchar y amar con paciencia, mientras la vida me dure por aquí. Allá nos vemos Má, gracias por prestarme tu voz. 

2. Análisis.
El texto describe la constitución de una herencia ética y un deseo analítico. La figura materna opera como objeto de identificación primordial y transmisora de un significante clave: la escucha paciente. Este legado, internalizado («habita en mi sangre»), se define no como propiedad material, sino como una vocación o llamado ético («un llamado a escuchar y amar»). El proceso ilustra la transmisión transgeneracional del deseo (Lacan), donde el deseo de la madre –por el psicoanálisis y la escucha– deviene el núcleo de la propia posición subjetiva y profesional de la hija, estructurando una ética del cuidado como acto de resistencia y continuidad.

3. Microcuento. 
La Herencia 
Hubo una vez una niña, que perdió a su mamá a la que quería mucho, mucho. Su mamá le dejó oro, pero unos animales se lo robaron. Un día soñó que su mamá le daba una cajita blanca, que al abrirla tenía letras y silencios, cuando despertó la vió en su mesita de noche y empezó a compartir las letras y los silencios. Sintió un gran gozo y alegría cuando se dió cuenta que mientras más compartía, más se llenaba la cajita blanca de letras, silencios y amor. 

sábado

Sirenita.

1. Asociación libre. 
Mi sirenita: nos caímos y nos volvimos a levantar, como cae el amor en el mundo, así, con mucha buena fortuna. 
No soy tu papá, ni tu mamá, ni tu hija, soy tu tía. 
No soy el mejor ejemplo, lumbrera o reina, pero soy tu tía. 
Un día no seré más en el mundo, pero para mí siempre serás, el amor.

2. Análisis.
El fragmento articula una ética del vínculo afiliativo, definiendo un lazo familiar (tía-sobrina) que se construye positivamente por lo que no es ("no soy tu papá, ni tu mamá"). Esta negatividad funda una relación singular y electiva, liberada de los mandatos simbólicos de la parentela directa. La conciencia de la propia finitud ("un día no seré más") no anula el vínculo, sino que lo sublima en una declaración atemporal de amor ("para mí siempre serás"). Así, el lazo se afirma como un acto de legado puramente afectivo y trascendente, donde el sujeto se constituye como testigo amoroso cuya desaparición futura no cancela la promesa de reconocimiento perpetuo.

3. Microcuento. 
Siempre tendremos el mar.
Tu tía no es un caracol eterno. Es un pedacito de mar donde tu sirena de juguete aprendió a nadar. 
Un día, el mar me llevará pero cuando me extrañes busca en la arena: allí quedará, para siempre, la huella divertida de cuando tu risa y la mía se hicieron una. 

Desconocido 2/2018/Cuetz

1. Asociación libre. 
Mi hermano está muerto. Pienso en las alternativas de finales más nobles, noble como lo fue él.
Tal vez el no tenía amalgamas y sigue vivo por allá, por España, comiendo torta española, tomando su vino tinto, jamón serrano y a fin de quincena su calimoche, escuchando Estopa; o tal vez está en el Cielo quedando bien con su tocayo el San Pedro para que cuide 24/7 a sus hijos porque los extraña; o tal vez vive con esa mujer que dice que fue el amor de su vida y no nos ha contado; o tal vez los muertos somos nosotros que insistimos que estamos vivos, en este infierno llamado Comala. 
Un hermano desaparecido en México, como los hay todos los días en este mundo de mierda. 
Hay un sostenerse en la vida con cierto grado de dolor en el que es imposible odiar o amar. 
Desde ese día, solo hago cuentas regresivas. 
Tengo una foto de cuando fuimos niños y justo le doy un beso en su mejilla afuera de la casa de Puebla, el era más pequeño que yo.
Crecimos, pero no lo dejé de verlo jamás como un niño pequeño, y ahora que cae su muerte como una piedra, sé bien que tengo que hacer.
La piedra me cayó en el corazón y ahora esa piedra habita su lugar. 
Espero que de alguna forma, Pedro, en donde quiera que esté nos cuide, porque yo a él, ya es imposible. Te extrañamos hermano, nuestro original rey del mundo, abraza mucho a mamá.

2. Análisis.
El texto elabora el duelo a través de un mecanismo de negación productiva. La afirmación cruda ("mi hermano está muerto") se sigue inmediatamente de la elaboración fantaseada de finales alternativos, acto que, lejos de ser evasión, constituye un trabajo activo de simbolización para domeñar lo traumático de la desaparición en el contexto mexicano. El duelo se materializa en la imagen de la piedra que, tras caer, "habita su lugar" en el corazón: una metáfora de la identificación e incorporación del objeto perdido, que transforma el órgano vital en una lápida interior y un nuevo fundamento desde el que existir. La paradoja final —esperar el cuidado del hermano al que ya no se puede cuidar— revela la persistencia del vínculo en la estructura del deseo, más allá de la muerte física.

3. Microcuento. 
Lobo lunar.
Hubo una vez conocí un lobo hecho de trozos perfectos de luna, le decían rey del mundo, era muy hermoso y su luz provocaba envidia y admiración. Tuvo un lobito musical y una lobita atleta, que llevan luz de luna en su corazón. Ya conoces a tus primos, a ti te dejó su lunar. 
Me contó como tuvo que regresar a las estrellas porque no se saben cuidar solas, son muy pequeñas. También me dijo que supieran, que si la luna brilla más bonito a veces, es por ustedes 3. 

 

El muro.

1. Asociación libre.
Y ahora de que escribo si ya perdoné a mi padre.

2. Análisis 
El enunciado plantea la crisis del significante amo tras un acto ético fundamental: el perdón. Al realizarse este acto ("ya perdoné"), se disuelve el significante nodal que organizaba una larga cadena de escritura-duelo-queja. La pregunta "¿de qué escribo ahora?" expone el deseo en busca de un nuevo objeto, revelando que el sujeto se había constituido, en parte, alrededor de la herida y su elaboración. El perdón no es el cierre, sino la apertura a una nueva economía libidinal donde la escritura debe hallar un fundamento distinto al reproche o la reparación simbólica.

3. Microcuento
Integridad
Hubo una vez un niño que no sabía que era perdonar. Un día llevaba en la manos un hermoso juguete de cristal, tenía un pedacito de cielo en el centro, un hombre se lo quitó y lo estrelló en el piso. Por mucho tiempo el niño lloraba y se lamentaba porque extrañaba su juguete hermoso.
Tiempo después, despertó una noche y pedazos de nubes, estrellas y soles flotaban al rededor de él. Los tomó y empezó a construir juguetes de cristal para niños como él. Mientras más juguetes daba, mayor fue su perdón.

Pesado y obsoleto dios.

1. Asociación libre.
Me tomó mucho tiempo entender que estaba equivocada, que es insostenible defender un yunque por lo aplastante, obsoleto y hueco. Aún tengo las cicatrices queloides, visibles, de mi ingenuidad.

2. Análisis psicoanalítico-filosófico ultrabreve.
El fragmento describe el colapso de un superyó paternalista internalizado (el yunque). La defensa de lo "aplastante" revela la identificación con la ley del padre, donde la opresión se disfraza de fortaleza. Lo "obsoleto" señala la conciencia de su anacronismo; ya no forja carácter, sólo reproduce dolor. Lo "hueco" es la clave: desvela que el poder defendido era un simulacro, carente de sustancia ética o afectiva. El "mucho tiempo" alude al trabajo del duelo: soltar no es un acto de debilidad, sino el reconocimiento de haber estado sosteniendo, heroicamente, una estructura fantasmagórica. Es el momento en que la hija deja de ser la arquitecta de su propia prisión.

3. Microcuento ultrabreve.
Hubo una vez, un yunque aplastante, obsoleto y hueco que cayó encima de una joven que amaba leer, durante mucho tiempo tuvo que vivir con esa pesada carga aplastándola. 
Un día se dió cuenta que el yumque ya era tan viejo, que con solo soplar se hizo cenizas. Y bueno, hoy vuela a través de las letras, cautelosa e incrédula de los pesados dogmas.

martes

Chamana mexicana

1. Asociación libre.
La primera vez que me embrujaron, Olivia la nahual amenazó al diablo con su trato: Un ovario de Juana Inés por nobleza para su hija. Pero esta chamana mestiza no cree en dioses o diablos y lo único que sacó fue mi risa y un hueco que canta en inglés desafinado. 
El diablo llegó después, escupiendo misoginia: Mocha, santurrona, fría-caliente, como si el dolor no supiera ser bilingüe, como si las chamanas no tuvieran sus propios deseos. 
El cobarde gritó: ¡Puta porque no es Sor Juana! Como si mi tocaya no hubiera humillado suficiente su nombre.
Pero la última vez... Ah, la última vez vi cómo se deshacía un hombre hecho de mentiras viejas, vi morir mi sangre, vi morir el amor. 
Bueno, aquí sigo, chamana camarada, a la orden de la resistencia.

2. Análisis.
El texto performa la lucha por la autenticidad frente a la proyección ajena. Los que repiten el nombre “como conjuro” intentan capturar su esencia en un ritual de apropiación, negándole su cualidad de sujeto invocable (diálogo). El “primer embrujo” (Olivia) representa el intento incluso bienintencionado de negociar con estructuras patriarcales (el diablo) usando partes de su identidad (el ovario) como moneda. Ella frustra este intercambio con la risa, arma de la conciencia, y genera un “hueco” (castración simbólica autoinfligida) que, sin embargo, “canta”—afirmando una voz propia en un idioma foráneo y disonante. La llegada posterior del diablo misógino es el superyó cultural en su forma más cruda, atacando los estereotipos de la mujer intelectual (fría, mocha, puta). Su réplica es brillante: el dolor es bilingüe (trasciende categorías simples) y las chamanas tienen deseos (son sujetos, no instrumentos). La “última vez” es el rito de paso traumático: presenciar la muerte de las ficciones que la sostenían (“hombre hecho de mentiras”), la muerte de lo biológico/sanguíneo, y la muerte del amor romántico como estructura. La supervivencia no es un milagro, es un acto de militancia en la “resistencia”. Se desprende de todas las definiciones impuestas para erguirse como chamana-camarada, uniendo lo místico y lo político.

3. Microcuento.
Hubo una vez una chamana mexicana con poderes y energías mágicas como don. Transmitía a través de libros, experiencias y cuentos, uno de los caminos a la sanación espiritual.
Diablos y nahualas llegaban a robarle la paz, pero en su infinita sabiduría, la chamana, sabía que la energía sanadora ama y no odia. Lo que los canallas jamás pudieron entender.

lunes

El fin de la pandemia.

1. Asociación libre.
Una pensaría que la soledad implica estar sola, en una isla.
Hay dos que al parecer confían en mi, uno es mi perro y bueno, hoy no es un buen día para morir.
Se me ocurren varias formas de escapismo pero ninguna mejor que escribir para que nadie me lea. 
El rostro de la pandemia es una especie de dolor inaudible, esa especie de dolor inaudible le he bautizado como soledad. Después de todo, no es tan mala, uno se encariña con ella como con un viejo amigo. 
Hoy declaro que no habito mi cuerpo, no estoy segura de quien lo habita pero promete ser alguien mejor que yo.
Renuncio a la vida, renuncio a Londres, al pasado, al futuro. El presente parece algo agridulce.
Pasearé al perro y me drogaré tantito, como dice mi mejor amigo, aunque sea sólo de mentiritas, las drogas joden. 
Mientras tanto, mis fantasmas insisten en no venir por mi, es mi intención atravesarlos. No termina aquí, porque el final va distinto y lo desconozco.

2. Análisis
Aquí la soledad deja de ser una circunstancia (“estar sola”) para devenir una entidad psíquica autónoma, un “viejo amigo” con el que se pacta. Es el duelo por la presencialidad del mundo. La declaración “no habito mi cuerpo” es pura disociación traumática: el yo se observa a sí mismo desde un lugar extraño, entregando la tenencia del cuerpo a un “alguien mejor”, en un acto de desesperanza redentora. Las renuncias (a la vida, a Londres, al tiempo lineal) no son deseos de muerte, sino una askesis, un despojo radical para sobrevivir al peso de la historia personal y global. El “presente agridulce” es el único tiempo posible: el de los rituales mínimos (pasear al perro) y los simulacros de fuga (“drogarse tantito”). La escritura “para que nadie me lea” es la paradoja última: afirmar la existencia en el mismo gesto que la oculta, crear un testimonio que no pide testigos. Los “fantasmas” que se niegan a venir señalan un agotamiento del propio dolor; la intención de “atravesarlos” sugiere que la moratoria ha terminado. El final desconocido no es una rendición, sino un acto de fe en una narrativa que aún no se controla, pero que se intuye distinta. Es la resistencia convertida en paciencia.

3. Microcuento 
Hubo una vez una pandemia, que le esneñó al mundo que no tenemos escrita la siguiente página de nuestra vida. 

miércoles

Día 670 de duelo o el retoño ya no vive.

No sólo es el duelo, no sólo no es el duelo ¡me declaro misántropa amargada! adoradora hedonista e insensible. Bueno, lo digo de dientes para afuera porque de dientes para adentro, sólo soy una contadora de días: día 670 sin Pedro, mi hermano.

Descansa en paz Ma.

El día que mamá murió no pensé verla otra vez.
Era martes y la guardia la hizo mi papá, nos habló a las 3 de la mañana para decirnos que ya nada podíamos hacer.
El día anterior, en el hospital mamá me dió 3 besos en la mejilla -de esos tronaditos- pero algo dentro de mí sabía que era la última vez que la vería así.

Mamá probablemente fue derecho al Cielo, no tengo ninguna duda, lo sé porque me ha visitado en sueños, me dice que todo va a estar bien; la he visto en la sonrisa de mis sobrinos; en el viento que revolotea las hojas, en la cocina preparando cochinita pibil, pidiéndome sal y diciéndome chula.

Sorprendida a veces camina junto a mi al ver cómo han cambiado las cosas sin ella, cómo hemos cambiado papá, mi hermana y yo. Papá le sorprende mucho y me dice que está orgullosa de Fátima, yo también lo estoy.

Descansa en paz Ma, extraño tu cariño.