Blog estructurado como tríada clínico-poética:

1. Fragmento autobiográfico
2. Análisis teórico breve
3. Microficción para la primera infancia

Espacio de investigación-creación sobre la escritura como borde ético en la elaboración del trauma y el acompañamiento intergeneracional.

«Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo».

— Juan Rulfo

miércoles

Día 670 de duelo o el retoño ya no vive.

I. La ropa sucia se lava en casa

La camisa blanca de Pedro sigue colgada en el ropero de mamá, siempre en sueños. El polvo en sus fotografías baila cuando la luz del sol cruza la ventana. El ogro lava y lava en la cocina, tallando siempre el mismo plato hasta que el agua se vuelve fría. Llega en silencio todas las noches, solo a lavar ese plato, porque aún quedan ganchos de ropa por llenar.

II. La contadora de días
Y en la casa soy la contadora de días y van 670 desde la última hoja con olor a tabaco y whiskey en el calendario. Los meses son rojos y largos; a veces se estancan durante años en un solo número.

Descansa en paz Ma.

El día que mamá murió no pensé verla otra vez.
Era martes y la guardia la hizo mi papá, nos habló a las 3 de la mañana para decirnos que ya nada podíamos hacer.
El día anterior, en el hospital mamá me dió 3 besos en la mejilla -de esos tronaditos- pero algo dentro de mí sabía que era la última vez que la vería así.

Mamá probablemente fue derecho al Cielo, no tengo ninguna duda, lo sé porque me ha visitado en sueños, me dice que todo va a estar bien; la he visto en la sonrisa de mis sobrinos; en el viento que revolotea las hojas, en la cocina preparando cochinita pibil, pidiéndome sal y diciéndome chula.

Sorprendida a veces camina junto a mi al ver cómo han cambiado las cosas sin ella, cómo hemos cambiado papá, mi hermana y yo. Papá le sorprende mucho y me dice que está orgullosa de Fátima, yo también lo estoy.

Descansa en paz Ma, extraño tu cariño.

domingo

Espinita vs me.

Espinita no caminaba bien, miraba con desconfianza y tristeza el mundo.
Quebrada, rota e incompleta junto a mi, que estoy quebrada, rota e incompleta cruzamos miradas y nos pusimos a llorar por el piso chueco. Además de por el piso chueco, por los culeros ondulantes que nos empujan por las escaleras sin remordimientos, riendo con desdén y muerta la mirada.
Siempre he pensado que la moral tiene criterios estéticos. En fin, como dice Rulfo: en Comala te matan, aunque estés muerto.
¿Hay culpa hay en nosotros? Me reconocí como en un espejo y lloré por Espi y un poquito por mi.
Ahora no camino, empujo y explico: Había una serpiente que quería comerse a una pequeña libélula, la libélula se detiene y le pregunta: ¿porqué me persigues sino pertenezco a tu cadena alimenticia? La serpiente de ojos saltones respondió: porque no soporto verte brillar. 
¿y si uno no brilla pero aún así te empujan los culeros serpenteantes? En fin, ahora Espinita mira con desconfianza pero sonríe, y yo no camino bien pero nadie sabe, entonces con alegría voy encantando a las serpientes. Sé que no soy Espinita pero este inocente ajuste de cuentas, es por ella.

Amistad.

Nada todavía.

miércoles

Pablo y María o de la fidelidad del lobo.

Murió y no sabía si quería hacerlo.
Pablo se sostenía de un árbol con la mano en el abdomen en la orilla de la cascada y una mano intentó detenerlo. Era de esas veces que el perro lobo de Pablo después de tanta fiesta perdía la cuenta de cuántas lunas habían pasado.
Las malas lenguas dicen que fue un suicidio pero todos sabemos que al joven Pablo, lo mataron con un cuchillo.
Ahora que nadie lo ve, clarito escucho como se revuelca de dolor en aullidos porque hay algo que no terminó. En sueños visita a sus hijos como un lobo blanco, a mi como un cachorro tierno y un lobo negro ante el que fue su padre.
En su funeral, sonaba de fondo Pedro Navajas, de Rubén Bladés, y justo cuando rondaba despacito al rededor de la caja con el tumbao que tienen los guapos al caminar, mirando su foto enmarcada junto a una rosa roja que más bien parecía un charco de sangre, observaba llorar a todos pero no encontró a su madre.
En su funeral las mujeres de Pablo llegaron con lágrimas en los ojos. Todos con verdadero luto en el corazón menos uno, su padre, que seguía con calculadora imaginación los pasos que recorría  al rededor de la caja, lo perseguía aún muerto, sentía celos al sólo pensar que podría volver a vivir.
María, no pudo pasar. Esa loba fue el amor de su vida y ayer soñé que Pablo, mi primo, me pedía que se lo diga.
Un ángel lo fue a buscar al Velatorio de Ibondá y él al verla se sintió abrumado pero feliz.
Pablo besó a sus hijos a través de la lluvia y se fue con aquel ángel a jalar los pies en las noches. Pablo a María, la cuida como un perro -dice que por el resto de su vida-.