sábado

Rueda de la fortuna.

1. Asociación libre. 
Al parecer tengo prisa por llegar a mi muerte, who doesn´t? 
No dudo que morir sea un destino pero eso lo decide la buena fortuna. 
Habrá tal vez quien sea eterno. Conozco algunos. 
Esta rueda de la fortuna arrebatada, grosera e impredecible que me supera. Le llamaré Juana Inés.

2. Análisis.
El texto despliega un diálogo defensivo con la finitud. La "prisa por llegar a mi muerte" puede leerse no como deseo suicida, sino como la ansiedad ante lo impredecible (la "fortuna arrebatada"). Nombrala "Juana Inés" es un acto de identificación proyectiva (Anna Freud): se le otorga al azar un nombre propio, intentando dominar simbólicamente lo incontrolable. Esto refleja la pulsión de transformación (Spielrein): lo que se vive como destino destructivo (la muerte) se reclama como identidad narrativa, buscando un sentido activo en lo dado. La figura tutelar de Bertha Pappenheim (Anna O.) resuena aquí: es la cura por la palabra que nace de nombrar lo innombrable, de hacer de la propia historia un caso clínico-político a descifrar.

3. Microcuento. 
Hubo una vez, una niña pequeña cansada de que el Viento le arrebatara sus cosas, entonces hizo lo que nadie: le puso un nombre. Al llamarlo destino y no viento, lo arrebatado regresó en forma de creatividad.

domingo

Ironía feminista.

1. Asociación libre. 
Tengo ganas de negociar compañía sin sexo, de invertir en publicidad: invertiré 3 días de mailing y 6 días de mensajes de texto. 
No que el sexo esté descartado, más bien, habrá que demostrar, que valdrá la pena. 
El camarada interesado tendrá que ser un payaso, un wason, el bromas. 
No se aceptan psicópatas o narcicistas que manipulen o hagan luz de gas, es aburrido, siempre terminan llorando.
Ya sin ironía, seriamente deberá ser intuitivo como Sherlock Holmes, camarada como Gorki y un idiota como el de Dostoievski.

2. Análisis.
El fragmento ejemplifica una crítica práctica al capitalismo afectivo al subvertir su lógica mercantil. La enunciación calculadora («invertiré 3 días...») se ve inmediatamente negada por la demanda de cualidades ético-literarias: la intuición deductiva (Holmes), la fraternidad política (Gorki) y, de manera central, la bondad no cínica del «idiota» (Dostoievski). Esta última figura opera como significante de una ética relacional alternativa que desactiva las economías del narcisismo y la manipulación («luz de gas»). El deseo se formula así como búsqueda de un testigo, cuya mirada compasiva y ajena al cálculo valide una existencia auténtica fuera del intercambio.

3. Microcuento. 
Conocí una vez en un mercado, a un hombre que vendía humo y a una mujer invisible que vivieron felices para siempre.