domingo

Legado materno.

1. Asociación libre. 
Mi mamá escuchó del Psicoanálisis en el Seminario de hipnosis que tuvo en la Normal de Campeche, por ahí de 1966. Encontré entre sus libros algunos que hablaban de Freud, Piaget y otros de su querido Tobías Corredera. Me quedaba horas pensando en cómo mamá hacía con letras y silencios, esperanza. 
Mamá escuchaba a los niños con tal paciencia, que reconociendo su propia voz, los niños aprendían a amar (también a hablar). 
Hoy tan a la distancia, la imagino en el salón más bonito del Paraiso, acompañando con ética y amor a los ángelitos con problemas de conducta, lenguaje y aprendizaje; sé bien que me espera, no tan pronto, pero me espera para que siga su legado, que ya tiene rato habitando en mi sangre, que no corresponde a casas o cosas, más bien me llama a escuchar y amar con paciencia, mientras la vida me dure por aquí. Allá nos vemos Má, gracias por prestarme tu voz. 

2. Análisis.
El texto describe la constitución de una herencia ética y un deseo analítico. La figura materna opera como objeto de identificación primordial y transmisora de un significante clave: la escucha paciente. Este legado, internalizado («habita en mi sangre»), se define no como propiedad material, sino como una vocación o llamado ético («un llamado a escuchar y amar»). El proceso ilustra la transmisión transgeneracional del deseo (Lacan), donde el deseo de la madre –por el psicoanálisis y la escucha– deviene el núcleo de la propia posición subjetiva y profesional de la hija, estructurando una ética del cuidado como acto de resistencia y continuidad.

3. Microcuento. 
La Herencia 
Hubo una vez una niña, que perdió a su mamá a la que quería mucho, mucho. Su mamá le dejó oro, pero unos animales se lo robaron. Un día soñó que su mamá le daba una cajita blanca, que al abrirla tenía letras y silencios, cuando despertó la vió en su mesita de noche y empezó a compartir las letras y los silencios. Sintió un gran gozo y alegría cuando se dió cuenta que mientras más compartía, más se llenaba la cajita blanca de letras, silencios y amor. 

sábado

Sirenita.

1. Asociación libre. 
Mi sirenita: nos caímos y nos volvimos a levantar, como cae el amor en el mundo, así, con mucha buena fortuna. 
No soy tu papá, ni tu mamá, ni tu hija, soy tu tía. 
No soy el mejor ejemplo, lumbrera o reina, pero soy tu tía. 
Un día no seré más en el mundo, pero para mí siempre serás, el amor.

2. Análisis.
El fragmento articula una ética del vínculo afiliativo, definiendo un lazo familiar (tía-sobrina) que se construye positivamente por lo que no es ("no soy tu papá, ni tu mamá"). Esta negatividad funda una relación singular y electiva, liberada de los mandatos simbólicos de la parentela directa. La conciencia de la propia finitud ("un día no seré más") no anula el vínculo, sino que lo sublima en una declaración atemporal de amor ("para mí siempre serás"). Así, el lazo se afirma como un acto de legado puramente afectivo y trascendente, donde el sujeto se constituye como testigo amoroso cuya desaparición futura no cancela la promesa de reconocimiento perpetuo.

3. Microcuento. 
Siempre tendremos el mar.
Tu tía no es un caracol eterno. Es un pedacito de mar donde tu sirena de juguete aprendió a nadar. 
Un día, el mar me llevará pero cuando me extrañes busca en la arena: allí quedará, para siempre, la huella divertida de cuando tu risa y la mía se hicieron una.