1. Asociación libre.
La primera vez que me embrujaron, Olivia la nahual amenazó al diablo con su trato: Un ovario de Juana Inés por nobleza para su hija. Pero esta chamana mestiza no cree en dioses o diablos y lo único que sacó fue mi risa y un hueco que canta en inglés desafinado.
El diablo llegó después, escupiendo misoginia: Mocha, santurrona, fría-caliente, como si el dolor no supiera ser bilingüe, como si las chamanas no tuvieran sus propios deseos.
El cobarde gritó: ¡Puta porque no es Sor Juana! Como si mi tocaya no hubiera humillado suficiente su nombre.
Pero la última vez... Ah, la última vez vi cómo se deshacía un hombre hecho de mentiras viejas, vi morir mi sangre, vi morir el amor.
Bueno, aquí sigo, chamana camarada, a la orden de la resistencia.
2. Análisis.
El texto performa la lucha por la autenticidad frente a la proyección ajena. Los que repiten el nombre “como conjuro” intentan capturar su esencia en un ritual de apropiación, negándole su cualidad de sujeto invocable (diálogo). El “primer embrujo” (Olivia) representa el intento incluso bienintencionado de negociar con estructuras patriarcales (el diablo) usando partes de su identidad (el ovario) como moneda. Ella frustra este intercambio con la risa, arma de la conciencia, y genera un “hueco” (castración simbólica autoinfligida) que, sin embargo, “canta”—afirmando una voz propia en un idioma foráneo y disonante. La llegada posterior del diablo misógino es el superyó cultural en su forma más cruda, atacando los estereotipos de la mujer intelectual (fría, mocha, puta). Su réplica es brillante: el dolor es bilingüe (trasciende categorías simples) y las chamanas tienen deseos (son sujetos, no instrumentos). La “última vez” es el rito de paso traumático: presenciar la muerte de las ficciones que la sostenían (“hombre hecho de mentiras”), la muerte de lo biológico/sanguíneo, y la muerte del amor romántico como estructura. La supervivencia no es un milagro, es un acto de militancia en la “resistencia”. Se desprende de todas las definiciones impuestas para erguirse como chamana-camarada, uniendo lo místico y lo político.
3. Microcuento.
Hubo una vez una chamana mexicana con poderes y energías mágicas como don. Transmitía a través de libros, experiencias y cuentos, uno de los caminos a la sanación espiritual.
Diablos y nahualas llegaban a robarle la paz, pero en su infinita sabiduría, la chamana, sabía que la energía sanadora ama y no odia. Lo que los canallas jamás pudieron entender.